Un día en la cuesta de la traición

Un día fuimos a la cuesta de la traición. El autobús nos soltó en una calle y para ir, había un camino lleno de piedras, estaba hecho por los romanos. Había piedras gigantes, hasta yo me escurrí por una roca. Tenía también fuentes debajo de las rocas. De allí fuimos a la piscina de Azuán, allí merendamos. Después fuimos al campo de fútbol y allí pasamos la tarde y después nos fuimos. Cuando volviamos ya estaba cansadísimo los pies me dolían pero al final me lo pasé muy bien.